Sólo la oportunidad no basta para sacar un proyecto como básico homes. Para mí -una “básica”- un ingrediente importante para llegar a dónde queremos es la ilusión, las ganas de trabajar, pero trabajar haciendo las cosas muy bien.
Trabajando en una empresa grande, el cumplimiento del presupuesto -a veces a costa de lo que fuera- era lo que primaba y esto implicaba hacer cosas que iban en contra de tu opinión y de tu profesionalidad.
No sé a vosotros, pero a mí me iba causando una frustación, frustación que me llevaba a desmotivarme, a no hacer mi trabajo con ilusión… Si a ellos no les importa hacer las cosas bien, ¿por qué me va a importar a mí? Y te asustas al ver el monstruo en el que te estas convirtiendo… pero, claro, piensas: “contrato fijo, estabilidad, empresa grande (que piensas que es segura ¡¡¡ja, ja, ja…!!!)” y tomas la decisión equivocada: adaptarte al medio para sobrevivir.
Tienes un trabajo, pero no es más que eso, un trabajo… ¿dónde está la ilusión de cuando empiezas a trabajar?
Un mal día, las cosas se tuercen y tienes que empezar del nuevo el camino; la decisión es ¿voy a buscar otro “trabajo” otra vez o quiero dar un cambio a mi vida?
Sé que como está el mercado y la situación actual, la mayoría no puede plantearse nada, bastante fortuna es encontrar trabajo como para plantearse nada más… pero yo he sido una afortunada y me he podido permitir EL LUJO (sí, en mayúsculas) de poder preguntarme y decidir cambiar mi vida.
Salí de la gran empresa y me incorporé a otra, esta vez, pequeña, pero vi enseguida que era más de lo mismo, a otra escala, pero lo mismo. Todavía recuerdo la tarde del 29 de mayo del 2009: unos días antes un amigo me había llamado para contarme que buscaban, para un nuevo proyecto, una persona de mi perfil.
Recuerdo cada momento de esas dos horas: recuerdo como me describían, pintado en unas servilletas, lo que era un nuevo proyecto, oí por primera vez básico -”barato, simple y cómodo”-, que teníamos que aprender de todo lo que habíamos vivido, de los errores… y recuerdo como, al final, sin mirar mi currículum, me propusieron incorporarme a ese nuevo proyecto.
Y yo dije que ¡sííííí!…, porque mientras me lo contaban sentí que la ilusión se me había contagiado, la ilusión que tenía la persona que me lo contaba, y sobre la marcha decidí que tenía que estar en ese proyecto.
En el coche, camino de casa, iba pensando como se lo contaría a mi marido: “mira, dejo el trabajo fijo que tengo y me voy a empezar una aventura, sin saber cuánto voy a cobrar ni cuándo“. No sabía cómo podía transmitirle mis sensaciones de esa tarde, la necesidad que tenía de dar un cambio en mi vida… pero fue fácil: vio la ilusión con que se lo contaba y no hizo falta dar más explicaciones.
Y aquí estoy, en básico: de momento no es más que un proyecto que empieza, sólo hemos puesto la semillas (eso sí, de la mejor calidad) y ahora entre todos trabajamos para que básico se haga grande, no sólo en números, sino también en valores, y dejando que la ilusión sea el motor que nos lleve a nuestro futuro.
María José Yagüe
Directora
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