Mira tú por dónde, quién me iba a decir que iba yo a ponerme a escribir. Desde mi más tierna infancia siempre he querido escribir, soy un lector empedernido, bueno, lo era, ahora ya no tengo tiempo, y en mi mente he construido novelas que ríete tú de “El Conde de Monte Cristo”. Bueno, se me va, esto no es de lo que quería “hablar”.
Hace unos días, una compañera escribió un post hablando de la ilusión en básico, post con el que me sentí completamente identificado, y que a pesar de la vergüenza que a ella le daba, me dedique a publicitar invitando a todo el mundo a que lo leyese, (al que no lo haya hecho, le sigo invitando, merece la pena) y que ponía de manifiesto algo que todos en Básico estoy seguro que sentimos: ilusión.
A mí ahora, me gustaría haceros partícipes de otros valores Básico, lo importante que es la relación entre los “básicos” y como hacemos equipo.

Cuando empecé a colaborar en Básico también a mí me contaron, en mi caso echando mano de un papel y no de una servilleta, lo que se esperaba y se quería de la “gente básica”… ¡me hacían los ojos chiribitas! Sonaba bien, pero… ¿Sería así? “Tú tienes tu parcela de responsabilidad, pero nunca olvides a los demás. Aquí nos ayudamos, nos apoyamos y si puntualmente hay que hacer otras cosas… se hacen, desde el primero hasta el último, y siempre juntos”.
De verdad, es así y aunque aquí os lo cuento, mucho mejor es vivirlo.
Estas últimas semanas están siendo de trabajo intenso, duro y estresante para todos. Prepara el Outlet, gestiona las bases de datos, el sistema de reporting, sube y actualiza la web (que lanzaremos pronto), ayuda en la publicidad, contesta solicitudes de información, pide documentación, haz los cafés (esta es una licencia literaria, je je je)… y en un momento dado, algunos caemos en el “momento desesperación”* (*dícese del famoso momento que toda persona que trabaja con ganas, atraviesa puntualmente para poder superar la sensación de ineptitud que le abruma: “¡no puedo con todo y me va a quedar como el forro!”)
Pues bien, caí en el “momento desesperación” y entonces… ¡apareció el espíritu básico! Mi buzón de correo se llenó de mensajes de apoyo, de fotos, de poesías, de gracias por nada, diciéndome lo bien que estaba haciendo las cosas, mensajes sinceros, y emocionantes, mensajes que quiero agradecer desde aquí, y que espero saber devolver a mis compañeros cuando sean ellos los que necesiten aliento, una palabra de ánimo y un tira adelante que estoy a tu lado. Podría seguir, copiaros los mensajes, deciros que el asunto del correo era “¡ENHORABUENA!” y, sobre todo, que pasé en minutos del “momento desesperación” al “momento subidón“.
¡A currar, que mi equipo se lo merece!
Artículo escrito por Emilio Cabezudo.
Director